Ana Sainz
Directora General
Fundación SERES

Agradezco doblemente la posibilidad que me ofrece la empresa Gonvarri, socia de la Fundación SERES, para colaborar, con una pequeña aportación, en este manual de buenas prácticas, elaborado a partir de un proyecto exitoso y singular.

En primer lugar por la posibilidad de formar parte, de alguna manera, en la historia de Emotional Driving, que ha demostrado no sólo ser una gran iniciativa en su origen,  sino la consecución de excelentes resultados en una materia imprescindible como es la seguridad vial.

En segundo lugar porque de una forma sencilla, mediante la involucración directa de empleados y de ciudadanos, viene a poner de manifiesto de qué manera la Responsabilidad Social Empresarial puede desarrollarse desde distintos ámbitos, todos ellos encaminados a trasmitir e intercambiar valores imprescindibles a la sociedad.

Ambas cosas muestran el buen hacer y el compromiso de las compañías con el entorno y a la vez suponen un magnífico ejemplo de valor compartido. Siendo, el valor compartido, una de las vías claves para el avance de la  RSE en las empresas.

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Esta es la razón por la que SERES promueve actuaciones de RSE, enfocadas en la Acción Social, que generen valor para el negocio. Y para conseguir la generación de valor, la clave la encontramos en que las actuaciones estén alineadas a la estrategia de la compañía; de esta forma, además de garantizar su desarrollo a largo plazo, se está generando un doble valor: social y empresarial.

Pero no pensemos que el desarrollo de las iniciativas requiere de actuaciones sofisticadas, en la mayoría de las ocasiones son ideas simples las que generan grandes impactos y transformaciones, algo que podemos comprobar en el caso de Gonvarri y su proyecto Emotional Driving.

Emotional Driving es un proyecto innovador porque apela a los ciudadanos a conducir de forma segura, mediante un proceso que se basa en compartir las motivaciones positivas para la conducción segura, reforzando el sistema de creencias. El proyecto está diseñado para contribuir al reto de la seguridad vial minimizando los riesgos de accidentes de tráfico y maximizando las actitudes y conductas positivas en la conducción segura de todos sus grupos de interés. Además, aborda el reto de atender las necesidades de los grupos de interés de la compañía, y empieza por los más cercanos: los empleados.

El programa Emotional Driving está estructurado desde la credibilidad, partiendo de la sensibilización y compromiso de los profesionales y su entorno, para llegar a sus clientes y ser capaces de impulsar una movilización general en el conjunto de la sociedad mediante el círculo virtuoso de “hacer” antes de “comunicar”.

Para la empresa, el proyecto supone un punto de partida que reafirma su compromiso con sus valores, con sus profesionales y con su entorno. Con más de 1.500 personas colaborando, empleados casi todos, Emotional Driving ha registrado una tasa de participación superior al 95%, con un nivel  de satisfacción del 91%, un incremento del 64% de los cursos completados, un 29% de incremento del acceso a la intranet y un 36% más de interacciones.

Por otro lado esta iniciativa se identifica con la actividad de la empresa: la seguridad vial. No hay que olvidar que el 60% de la actividad de la empresa está relacionada con el sector del automóvil. De esta manera, la actuación, enmarcada en la RSE de la compañía, entra a formar parte de su modelo de negocio.

Para finalizar, quiero desatacar que con este tipo de proyectos conseguimos que la Acción Social, y la RSE, se sitúen en el núcleo de la actividad de las empresas; algo que está alineado con nuestra actividad como Fundación: conseguir que las empresas desarrollen actuaciones sostenibles, perdurables en el tiempo, que transformen la acción social en un elemento clave para la innovación en el negocio.

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