Marcus Brooks
Director de Compras
Steel & Alloy

Mi primer contacto con Emotional Driving fue hace unos meses durante unas jornadas en Hiasa; y mi primera impresión fue que entraba de lleno en el tema de la seguridad vial, de una forma directa y contundente, añadiendo además demostraciones prácticas y actividades participativas. Desde luego, para alguien como yo que recorre 48.000 kilómetros al año, demostró lo serio que es conducir y hasta qué punto subestimamos esta actividad en nuestro día a día. El mensaje que transmite Emotional Driving es muy claro y complementa perfectamente el espíritu y los valores de Gonvarri en cuanto a la salud y seguridad de sus empleados.

Y, lo que es más importante, te obliga a pensar en todo ello cuando conduces tu coche o vas de pasajero.

  • Te obliga a pensar en lo que te rodea: las condiciones de la carretera, la climatología, el estado del vehículo…
  • Te obliga a pensar en las distracciones, dentro y fuera del coche.
  • Te obliga a pensar en tu forma de conducir: velocidad, distancia de seguridad, tiempo de reacción…

Lo que más me impresionó de mi experiencia con Emotional Driving fue el impacto emocional, los testimonios de los conductores y las otras partes involucradas, de las familias y los profesionales de los servicios de emergencias.

Por desgracia, cuando yo tenía dieciocho años (hace treinta) viví una experiencia muy similar a las que relatan los protagonistas de Emotional Driving en sus testimonios. Mi mejor amigo, David, se vio involucrado en un grave accidente. Era el único pasajero en la parte trasera del coche, en una época en la que los cinturones de seguridad no eran obligatorios en los asientos de atrás. El coche se vio implicado en una fuerte colisión y dio varias vueltas, de forma tan brusca que mi amigo salió disparado por el parabrisas trasero. Al día siguiente fui a visitarle al Hospital de Oxford, donde había sido ingresado de urgencia. Tenía la cabeza afeitada y en su cráneo se apreciaba una gran cicatriz, a consecuencia de la intervención quirúrgica en el cerebro a la que se le había sometido. Se encontraba en un estado físico terrible.

Afortunadamente, David se recuperó por completo y a menudo vuelven a mí esas intensas emociones que sentí y experimenté, por mí mismo y por todas las personas que estuvieron implicadas en el accidente y la recuperación de mi amigo.

Hoy en día, los coches son infinitamente más técnicos, los fabricantes invierten muchos millones en mejorar la seguridad de los vehículos y, aunque nosotros podemos mejorar nuestras técnicas de conducción, no debemos confiarnos, porque las consecuencias emocionales de un accidente pueden cambiar radicalmente nuestra vida. Este es uno de los mensajes fundamentales que he aprendido de mi experiencia con Emotional Driving.

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